No es la primera vez ni la segunda ni la tercera y ni siquiera la última, que peco de ser un poco apasionado con respecto a las sensaciones que creo que deben transmitirnos las cosas. Hace unos años, cuando me dijeron y me planteé que era una persona vulnerable, al principio me jodía, porque siempre relacionaba la vulnerabilidad con la fragilidad. La fragilidad es la fragilidad, pero la vulnerabilidad es la que te permite estar receptivo al entorno y dejarte tocar por las cosas tanto buenas como malas en su mayor proporción.
Un arma de doble filo.
Las personas vulnerables o sensibles tienden a ir hacia delante o hacia atrás, porque a veces es complicado sostener el término medio. La imparcialidad ante situaciones que deberían ser ajenas a ti es difícil sostener y te involucras en gilipolleces emocionales en las que acaban diciéndote que eres un rallao. Luego también, si por el contrario, vas asumiendo y puliendo algunos de los matices de tu día a día, sopesando y valorando de manera objetiva, puedes llegar a ser una persona sensible y fuerte.
Mi camino se enfoca un poco hacia esa dirección, la de no perder mi vulnerabilidad pero dejándome tocar por las cosas positivas antes que negativas. Al final con el tiempo vas curtiéndote y hasta puedes ir de fachada pareciendo un tipo duro.
Me gusta ser de ésta forma aunque a veces sea un rallao, esto empieza a sonar a anuncio de compresas y sólo puedo decir mientras tanto, que en mi vulnerabilidad entiendo a Tokio de manera muy personal. Recuerdo cuando antes de venir hablaba en el blog de que el sol estaba cambiando su iluminación. En Tokio la iluminación también ha cambiado, y cuando anochece, se despierta el ritmo de una sociedad misteriosa “blade ranera” entre luces de neón y una pizca de ensoñación.
Japón es un país emocional.
Ríe, sufre, ama y llora en silencio. En su contención. Pero esa contención es perceptible, porque muchos piden lo mismo que nosotros, piden vivir en una ciudad con normas estrictas, fusionada con el misticismo romántico y colosal del sintoísmo y sus señores samuráis. Un país orgulloso que ruge desde la mañana hasta la noche, que te mira a los ojos.
Tengo muchísimo material que subiros, pero ando muy escaso de tiempo. Por eso os coloco un vídeo para abriros el apetito de una de mis experiencias. No desvelaré nada. Mañana probablemente pueda recopilar estos días para subiros fotos y todo completo. Cuidaos y gracias.
Lo transmites y lo percibimos...
ResponderEliminarTe sentimos FELIZ
Ikebana
Joder tío, llevo esperando tu entrada desde hace dos días, entrando a tu puto blog noche y día, y nos matas con un vídeo y unas frases que ya me sé en vivo en directo? JODER!! quiero fotos, vídeos y anécdotas :'(!!!
ResponderEliminarTe sigo deseando mucha suerte y envidiando hasta más no poder, tú disfruta a tope y love and peace ;)
Hey Adir, me esta encantando todo lo que estás escribiendo y la forma en la que nos estas describiendo Tokio, no ha habido día en el que no haya estado pendiente de lo que pusieras, incluso me he llegado a enfadar porque llevo entrando dos días a todas horas y veia que seguía poniendo Chinatown y estaba deseando ver el siguiente blog jejeje, pero claro, también comprendo que estés liado disfrutando y por eso no puedes escribir aqui todo lo que realmente te gustaría.
ResponderEliminarQue sepas que sigues siendo una inspiración para mi y para muchisima gente que te esta siguiendo, ojalá pudiera estar alli contigo y no aqui en la guerra jejeje.
Seguiré espectante día a día de todo lo que escribas y a tu vuelta nos vamos a quemar Madrid de fiesta a nuestro modo y me cuentas de todo.
Sigue pasandotelo muy bien que te lo debes a ti mismo y a mi también, un abrazo muy grande de tu gran amigo.
(-; Rulo ;-)