domingo, 19 de febrero de 2012

Todo arde si le aplicas la chispa adecuada




 Nani:




  Lo primero, pido perdón por haber estado ausente durante este tiempo. La verdad es que cuando me entran ganas de escribir no lo hago, o por falta de tiempo, o porque no puedo dejar de sentirme una intrusa en este pequeño retazo del particular mundo de Seven que os dedica con tanta ilusión.
 Me ha dado la impresión de que doy una imagen un poco pesimista de mi misma, ¿serán imaginaciones mías? Quiero aclarar (realmente no sé si es necesario o si alguno de vosotros lo ha pensado puede que le dé un poco igual que sea cierto o no) que nada más lejos de la realidad. Tengo mis momentos, como cada uno de vosotros, eso es todo. Cuando escribí la segunda entrada estaba en una etapa en la que me ponía demasiados límites. A la hora de confiar, de creer,de motivarme e incluso de amar.
 Llega un momento en que debemos comprender que los límites no mantienen a los demás a distancia, que no nos protegen de los problemas,de las tentaciones,que sólo provocan que te encierres en ti mismo, apartándote de la vida. Entonces, o decides marchitarte y permanecer dentro de esos límites, o abandonarte a mil placeres franqueando esos propios límites.
 Yo hace relativamente poco tiempo que decidí ser libre y traspasar esos límites descubriendo sentimientos, sensaciones y vivencias más propias de una motivada. Y es que ahora me es más fácil motivarme, no sólo porque alguien me haya tendido su mano y me haya arrastrado a un infinito mundo de posibilidades, si no también porque he decidido bailar con la vida. Una vez leí que la vida es una compañera. Hay que tomarla como a una amiga, bailar con ella y dar, dar sin contar para que después ella te responda. Hay que hacerse cargo de uno mismo, trabajar para sí, aceptar los errores, corregirlos, ponerse en movimiento... y entonces ella entra en tu baile. Baila contigo.
 A mí la vida me ha respondido y me ha dado a Tokio y a Seven con ella.

 Exprimo la vida hasta que atraviesa mi piel, mis venas y fluye por el torrente sanguíneo siendo bombeada por el corazón e irrigando mis extremidades, mi cerebro y mis mejillas. Instándome a bailar una y otra vez, aunque me tropiece con ella y tenga ganas de dejar de bailar. Ella me recoge, me consuela y me pone en movimiento para que siga danzando a su compás.
 La canción ha cambiado. Nuestro pelo ondulaba con cada nota de una melodía rock. Ahora hemos pasado a estar inmersas en un vals cuya reproducción está en pause, o mejor dicho, avanzando a fotogramas desesperadamente lentos.


 Y es que estoy en una etapa de trámites en la que todo cambia (se me acaba el curro, mudanza, cambio de casa, de ciudad...) y como soy una persona que se anticipa mucho a los acontecimientos y piensa las cosas demasiadas veces, al final lo único que consigo es rayarme y que todo parezca más lento de lo que es.
 Charlene (es el nombre que le he puesto a mi compañera, con fonética francesa. ¿Por qué no? Homer le pone nombre a un palo de golf),a lo que iba, Charlene me mira un poco irritada, regañándome por ser tan arrítmica y preferir el rock. Creo que me tomaré las cosas con un poco más de calma permitiéndome el lujo de bailar indefinidamente y no chafar a mi amiga que tanto disfruta danzando conmigo.




Sigue dando vueltas si aguantas de pie.




Japan Dreams 4. Última Parte (Gracias de nuevo a Carlos Santiago Ramal por habernos invitado a este viaje con él):
























































 A los anteriores comentarios estáis contestados en la respectiva entrada. Saludos!