No quiero ser demasiado intenso, pero cuando me planteo quién quiero o me gustaría ser, el contexto que nos envuelve siempre se reduce a la misma constante.
Una constante que define.
La constante no te dice por dónde querrías o deberías pisar, porque te dice por dónde estás pisando ahora.
Cuando la realidad se antepone a tus pasos, sólo tienes dos opciones, familiarizarte con ella y proyectarla hacia donde querrías llegar a su lado, o contrariarla con vaticinios y ensoñaciones hasta arrugarte, viendo como nada de lo que esperas se cumple.
Supongo que dependiendo del momento, todos pecamos de soñadores o de prácticos, pero lo importante es si alguna vez conseguimos vivir de nuestros sueños siendo capaces de aterrizar, o por el contrario, si conseguimos permanecer en tierra sin dar la espalda a la abstracción.
Es bueno que siempre demos lo mejor de nosotros mismos, pero para nosotros mismos.